Mi primer álbum de Mötörhead fue “Bastards”, de 1993 que marca el debut de Mikkey Dee (King Diamond) en la batería, y casi una década de Phil Campbell, banda a la que se unió en 1984 y contribuyó al álbum compilatorio, “No Remorse”. Dos años después, los ingleses sacarían al mercado, “Orgasmatron”, y Campbell sería contratado luego de la salida de Brian Robertson (Thin Lizzy), manteniéndose como pieza estable hasta el último álbum de estudio de Mötörhead, “Bad Magic” de 2015.
Exploré todo lo que el guitarrista hizo en los seminales Mötörhead que ya eran una banda consagrada. Lo de seminal recae en la primera encarnación de los oriundos de Londres, Inglaterra, el power trio conformado por Ian Lemmy Killmister(bajo y voz), Philthy “Animal” Taylor (batería) y Eddie “Fast” Clarke (guitarra).
Dicha formación editó piezas fundamentales del rock como “Mötörhead”, “Overkill”, “Bomber”, “Ace Of Spades”, “Iron Fist”, entre otros y supo unir al Metal con el Punk, algo entonces impensado, pero la actitud, los componentes musicales y fórmula de Mötörhead lo permitieron, arropado en un infeccioso, desprolijo y callejero rock n’ roll. Pero había más, estaba la escuela del blues que por antonomasia asiste al rock y recaía principalmente en la guitarra de Clarke, sólo que interpretada con mayor celeridad.
Por citar un ejemplo se me viene a la cabeza los Ramones, banda de la que Lemmy era un declarado fan al punto de dedicarles una canción titulada “R.A.M.O.N.E.S.”La banda liderada por Joey Ramone, que en paz descanse, eran entre muchos elementos y pergaminos los Beach Boys con distorsión. Joey siempre los destacó como una influencia sustancial de los Ramones. Judas Priest es otro caso que vale la pena mencionar. El baterista Dave Holland, venia de la escuela del jazz en los albores de la banda que entonces desarrollaba un estilo más cercano al blues que al metal. Después las cosas cambiarían con la incorporación del baterista Scott Travis, un batero decididamente metalero y encargado de abrir el rabioso y atemporal, “Painkiller” de 1990
Hay muchos casos, está el de AC/DC, con Johnson sustituyendo al malogrado Scott. ¿Pero a que voy con todo esto? Apunto al concepto de banda, y como la alteración de sus piezas afectan todo el engranaje. La readaptación es inevitable y la reinvención surge como una necesidad vital, Lo otro es repetirse y morir en el intento. Black Sabbath hizo lo correcto, no así Mötley Crüe que está en la antesala de transformarse en un acto nostálgico, lo mismo Poison y otros que lucen hoy como tributo oficial de sus propias bandas, una parodia de sí mismos, una caricatura, pero mientras haya publico dispuesto a pagar, habrá decadencia circense.
En fin, hoy (ayer), falleció Phil Campell a los 64 de edad. ¿Su contribución a Mötörhead? Engrosó el sonido de las seis cuerdas, inyectó más metal, esto sumado al bajo siempre estruendoso de Lemmy edificaron una muralla sónica brutal provista de un volumen sin precedentes que dejó a más de uno con sordera pasajera post conciertos.
Lemmy solía referirse a Campbell como, “el guitarrista más infravalorado del rock”. Phil de bajo perfil asentía con humildad, pero con su rostro lleno de gratitud por recalar en Mötorhead gracias a Ian. Es que Phil era fan de Mötörhead, no se imaginaba tocando en otra banda y fue así hasta el último día de los “Live To Win, Born To Loose”.
Mötörhead tenía una identidad y una personalidad única. Más allá de los cambios de integrantes nunca corrompió sus valores, hubo cambios de aspecto, pero fueron más bien vagos, pero si los hubo con mayor protagonismo en lo musical y Campbell tiene mucho que decir.
Hay dos etapas en Mötörhead, sin embargo, siempre fueron la misma banda que estimulaba con su positivismo lirico, a veces áspero, controvertido, pero siempre con muchísimo humor y dejando en claro que el rock n’ roll es un autentica religión.
Un poeta dijo, “la poesía no es de quien la escribe, ¿sino de quien la necesita? ¿Cuál es tu Mötörhead? Yo tengo el mío.
Descansa en paz Phil Campbell, descansa en paz Mötörhead. ¡Salud!
Gustavo Moraga Z.



